Las administraciones públicas, en especial los ayuntamientos, requieren de la ayuda de expertos para subsanar la contaminación acústica en las ciudades. Además del siempre conflictivo ocio nocturno que enfrenta a hosteleros y vecinos en las zonas de marcha, o los niveles excesivos junto a algunas estaciones ferroviarias.

Para hacerse una idea de la amplitud del problema y las múltiples facetas que puede abarcar el saber hacer y oficio del audiólogo, basta con revisar la definición legal de la contaminación acústica: la presencia en el ambiente de ruidos y vibraciones, cualquiera que sea el emisor acústico que los origine, que implique molestia, riesgo o daño para las personas, para el desarrollo de sus actividades o para los bienes de cualquier naturaleza o que causen efectos negativos sobre el medio ambiente.

El principal factor que genera este problema medioambiental suele ser el tráfico rodado, presente en todas partes.

Últimamente son todavía más importantes que antes los efectos de la contaminación acústica debidos a las zonas de ocio ya que la prohibición de fumar dentro de los recintos provoca acumulaciones de gente en el exterior de los locales que generan mucho ruido a altas horas de la madrugada.

Terminaremos por escuchar música a través de auriculares en las llamadas “Discotecas Silenciosas” jaj… y entonces…. ¿a qué volumen regulamos los auriculares?…. toda una incógnita.

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